"Tan extraño como un pueblo para quien se hubieran hecho insensibles su Derecho político, sus inclinaciones y sus hábitos, es el espectáculo de un pueblo que ha perdido su Metafísica, un pueblo en el cual el espíritu ocupado de su propia esencia no tiene en él existencia actual ninguna."
G.W. HEGEL, CIENCIA DE LA LÓGICA

Mucho se ha dicho a lo largo de
estos siglos sobre el pensamiento kantiano. Mucho nos ha dejado como herencia
el pensamiento del filósofo prusiano, tanto que algunos lo consideran, junto a Platón
o Aristóteles, el mayor pensador de todos los tiempos.
Al margen de estratificaciones en
la escala de lo mejor o lo peor es indudable que su pensamiento es
inconmensurable y que abre una nueva perspectiva en todos los campos filosóficos
posibles. A este respecto, hace poco leí en un estudio preliminar a su Crítica de la Razón Pura que se le podía
considerar el último filósofo moderno, porque toma los problemas que se
discuten tal y como se discuten en la modernidad filosófica; y el primer
filósofo contemporáneo porque aporta una solución radicalmente novedosa y abre
un nuevo ámbito de cuestiones.
Entre estas cuestiones
encontramos si es posible la metafísica como ciencia. Ante este problema Kant
se propone iniciar un nuevo corpus filosófico que pueda dar validez de ciencia
a la metafísica, al estilo de las matemáticas y la física. Entonces, ¿podemos
afirmar que Kant fue un antimetafísico?¿Podemos afirmar que Kant, siguiendo a
Hume, rompe con la posibilidad de la metafísica de una vez por todas dejando a
la filosofía sin su raíz más importante?
Mucho se ha hablado de ello, e
intentaré ser prudente, pero creo poder afirmar que no. No hay un intento de
cercenar la metafísica en el pensamiento kantiano, sino más bien todo lo
contrario. Existe la posibilidad de la metafísica para Kant, y además es una
posibilidad inevitable porque la
metafísica es una intención natural del hombre en cuanto que hombre. Es decir,
la metafísica no puede ser cercenada porque pertenece a la propia naturaleza
del hombre en cuanto este piensa sobre las cuestiones morales: DIOS,
INMORTALIDAD Y LIBERTAD. Otra cuestión es si la metafísica es posible como
ciencia. Para ello, debe poder preguntarse por los juicios sintéticos a priori.
Pero este no es el problema que establecerá Kant de entrada, el problema
versará sobre los propios juicios sintéticos a priori, sobre los cuales se
preguntará si son posibles y en caso afirmativo cómo son posibles, esta última
cuestión es el problema propio de la razón pura.
Para ello, lleva a cabo el famoso
giro copernicano. Kant ve una brecha en la metafísica que representa el
racionalismo, doctrina filosófica a la que estuvo adscrito durante mucho
tiempo, y es que la metafísica se vuelve dogmática bajo el paraguas
racionalista. Esto es debido a que se intenta dar respuesta desde el
conocimiento a cuestiones que, Kant considerará siguiendo a Hume, de entrada
están más allá de la posibilidad del conocimiento. No negará la importancia de
la experiencia en el proceso cognitivo, más bien la hace suya desde el
principio. El conocimiento es conocimiento de experiencia, no puede estar al
margen de ella, pero no sólo tenemos conocimiento de experiencia, sino que él
se dará cuenta de que existe otro tipo de conocimiento que no sólo proviene de
la experiencia, sino que la trasciende, este es el pensamiento práctico para
Kant, el ámbito NATURAL de la metafísica.
Pero, primero debemos establecer
con claridad el giro copernicano. Hasta el momento de Kant se había entendido
que los objetos se daban en el conocimiento tal y como se daban en el mundo. Es
decir, los objetos se hacían patentes al conocimiento, y éste establecía las
impresiones o ideas de dichos objetos (siguiendo al empirismo de Hume y Locke);
o más bien, nuestra razón hacía patente los objetos, pero teniendo como base no
la “patenticidad” de los objetos como tales, sino nuestra propia certeza de que
pensamos, (siguiendo al racionalismo de Descartes y Leibniz). Kant le da un
giro a esta forma de entender cómo se da la posibilidad del conocimiento de los
objetos, con la cual, además, consigue establecer una síntesis clara entre
racionalismo y empirismo, la cual refleja su propia evolución filosófica. Kant nos dirá, ¿y si en lugar de poner a los
objetos en el centro y hacer que el conocimiento gire sobre ellos, hacemos que
los objetos giren alrededor del conocimiento?
Es decir, y si en lugar de
entender que los objetos se hacen patentes al conocimiento, es el conocimiento
el que hace patente dichos objetos. Pone, de este modo, en el centro de su
teoría del conocimiento al sujeto cognoscente, haciendo que el sujeto pase de
ser pasivo a ser un sujeto activo, participante del proceso de conocer los
objetos desde los datos que nos proporciona la experiencia. Participante porque es necesario el
entendimiento para conocer los objetos, y este es parte de la razón cognoscente
incluso antes de que se le den los objetos, por tanto, para Kant, se da a
priori.
Así establece Kant que es posible
en nuestra razón un conocimiento a priori, por el cual podemos conocer los
objetos de la experiencia.
Se pregunta ahora Kant:
¿Entonces, es sólo posible el conocimiento de los objetos de experiencia?
“El análisis metafísico divide el
conocimiento puro a priori en dos elementos muy heterogéneos, a saber: el
conocimiento de las cosas como fenómenos y el de las cosas en sí mismas.”[1]
Por tanto, por un lado tenemos la
posibilidad de conocer los fenómenos (la cosa tal y como se la conoce); y por
otro lado los noúmenos o cosas en sí (los entes de razón, algo que puede ser
pensado pero no experimentado). Se produce una doble relación en el proceso
cognoscente: conocemos los fenómenos a través de los sentidos, de hecho afirma
Kant que las cosas percibidas por los sentidos son reales en tanto que
fenómenos, es decir, son válidos para todo hombre. Pensamos los objetos, los
colocamos mentalmente dentro de un concepto, estos pueden ser a priori o a
posteriori.
“Merced a la Critica de la Razón Pura se ha
probado suficientemente que no puede haber en absoluto un conocimiento teórico
más allá de los objetos de los sentidos; y, dado que, en ese caso, todo debería
ser conocido a priori por conceptos, no puede haber un conocimiento
dogmático-teórico; y esto, en verdad, por la sencilla razón de que a todos los
conceptos ha de poder serles referida alguna intuición mediante la cual se les
procure realidad objetiva y, sin embargo, toda nuestra intuición es sensible.
Esto quiere decir, con otras palabras, que no podemos conocer nada en absoluto
de la naturaleza de los objetos suprasensibles, de Dios, de nuestra capacidad de
libertad y de nuestra alma.”[2]
Entonces, está claro que si no
podemos conocer los objetos suprasensibles y la metafísica es la inclinación
natural del ser humano a preguntarse por ellos, no es posible la metafísica.
Pero, ante esta posibilidad Kant introducirá una novedad más: los objetos de la
metafísica, en tanto que objetos suprasensibles, no pueden llegar a ser
conocidos a través de la razón especulativa. Pero sí pueden ser pensados. Es
decir, establecerá Kant la distinción entre conocer y pensar. La razón
especulativa conoce los objetos tal y
como se dan en el mundo, pero no puede conocer las cosas en sí que hay en cada
uno de los objetos, porque la razón especulativa está limitada por los objetos
de la experiencia.
“La Crítica de la Razón Pura es el tratado
del método que bosqueja el contorno de toda ciencia, tanto en lo que se refiere
a los límites, como también a su completa articulación interior. La razón pura
especulativa debe y puede medir su propia facultad; puede y debe enumerar
completamente los diversos modos de proponerse problemas y así tratar el
croquis entero de un sistema de metafísica.” [3]
Es decir, la razón especulativa o
la razón pura establecerá el método, los límites y el contenido del sistema
metafísico que intenta construir Kant, dándole así validez de ciencia. Por
tanto, encontramos una clara intencionalidad metafísica en el pensamiento
kantiano, de hecho establece la Crítica de la Razón Pura como el método de la
metafísica como ciencia, porque sólo conociendo los límites de nuestro conocer,
cómo podemos conocer, y qué conocemos, podemos darle legitimidad científica a
la metafísica. Pero, ¿es, entonces, la razón especulativa el tema de la
metafísica? Evidentemente no.
“Esos principios con que la razón
especulativa se atreve a salir de sus límites tiene por indeclinable
consecuencia una reducción de nuestro uso de la razón; ya que ellos realmente
amenazan con ampliar descomedidamente los límites de la sensibilidad, a que
pertenecen propiamente, y suprimir así del todo el uso puro (práctico) de la
razón.”[4]
Queda claro que el tema de la
metafísica, para Kant, se encuentra más allá de la razón especulativa, más allá
de los límites de la razón pura. El tema de la metafísica pertenece a la razón
pura práctica, porque se ocupa de conceptos a priori de nuestro entendimiento,
dotados de necesidad y universalidad, son: DIOS, INMORTALIDAD, LIBERTAD. Son
los grandes temas de la moral kantiana.
En conclusión, podemos afirmar que en Kant no se da una
superación, o un abandono, de la metafísica, sino una legitimidad científica de
la metafísica que la aleja del dogmatismo del racionalismo, y del escepticismo
del empirismo. Siguiendo al profesor Marzoa, podemos decir que Kant establece
una doble metafísica:
a)
La Metafísica
de la Naturaleza, dónde se pregunta por la validez del conocimiento en sí,
otorgándole un uso teórico a la razón. Metafísica en la que estipulará los
límites del conocer humano, la forma del conocer humano, y el qué del conocer
humano.
b)
La
Metafísica de las Costumbres, donde la pregunta ya no va dirigida al conocer
sino a la posibilidad de pensar aquellas cuestiones que nos damos por
inclinación natural los seres humanos: DIOS, INMORTALIDAD Y LIBERTAD.
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