Inicio el paseo matinal de mis animales; son dos perras: Elsa y Hannah. Ascendemos por un sendero abrupto y nevado hasta lo alto de la montaña y nos guarecemos en un claro de bosque apartado del camino principal que conduce hasta la ermita de San Pedro, a resguardo de otros caminantes que nos importunen. Ato a las perras junto a un enorme pino, saco mi libro de la mochila y me dispongo a leer. Pronto, una de ellas –Hannah- da rienda suelta a sus ladridos: Guturales, potentes y constantes. Esto me hace sentir una irritación que va en aumento; algo desentona, algo no va bien, ha acontecido una interrupción brusca; no en el entorno, sino en mí. La lectura me remonta a un estado enajenado de la naturaleza; pues en ella permanezco en la esfera de lo humano, donde aparece sustentada inefablemente por el pensamiento y la cultura. ¿Qué puedo discernir al respecto? Pues que hay discernimiento, hay lenguaje y una conciencia que forja categorías. ¿De qué puedo estar seguro? ¿En qué medida guarda mi discernimiento una relación real con la cosa? Lo desconozco, pero sé que acontezco. Acontezco en el lenguaje, la conciencia y las categorías; y que éstas, en la medida en que se dan, abren un mundo, que me circunda, en el que yo soy: ¡Soy en el mundo!
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sábado, 10 de marzo de 2018
COGITACIONES HEIDEGGERIANAS (HETERODOXAS)
Inicio el paseo matinal de mis animales; son dos perras: Elsa y Hannah. Ascendemos por un sendero abrupto y nevado hasta lo alto de la montaña y nos guarecemos en un claro de bosque apartado del camino principal que conduce hasta la ermita de San Pedro, a resguardo de otros caminantes que nos importunen. Ato a las perras junto a un enorme pino, saco mi libro de la mochila y me dispongo a leer. Pronto, una de ellas –Hannah- da rienda suelta a sus ladridos: Guturales, potentes y constantes. Esto me hace sentir una irritación que va en aumento; algo desentona, algo no va bien, ha acontecido una interrupción brusca; no en el entorno, sino en mí. La lectura me remonta a un estado enajenado de la naturaleza; pues en ella permanezco en la esfera de lo humano, donde aparece sustentada inefablemente por el pensamiento y la cultura. ¿Qué puedo discernir al respecto? Pues que hay discernimiento, hay lenguaje y una conciencia que forja categorías. ¿De qué puedo estar seguro? ¿En qué medida guarda mi discernimiento una relación real con la cosa? Lo desconozco, pero sé que acontezco. Acontezco en el lenguaje, la conciencia y las categorías; y que éstas, en la medida en que se dan, abren un mundo, que me circunda, en el que yo soy: ¡Soy en el mundo!
jueves, 8 de mayo de 2014
Carta sobre el humanismo
Escrita en 1946, un año después de haber finalizado la II Guerra Mundial, y estando Heidegger inmerso en un proceso de desnazificación que lo mantenía apartado de la vida académica, aparece la célebre respuesta al ensayo de Sartre "El existencialismo es un humanismo". Es para él una ocasión crucial para rehabilitarse, y no deja pasar la oportunidad de escribir uno de los análisis más brillantes sobre el humanismo y las causas que han precipitado al siglo XX hacia dos guerras mundiales.Según Heidegger, el humanismo -y cualquier -istmo que implique una abstracción privativa y generalizadora del hombre- a parte de ser reduccionista respecto a muchos pueblos y culturas que deja al margen, ha sido causa de la voluntad de dominio de los pueblos.
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