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martes, 2 de junio de 2015

RESOLUCIÓN DE PROBLEMAS (PRIMARIA)




Para resolver problemas sencillos debemos tener en cuenta:

1)      LOS DATOS. Sin conocer bien los datos que nos facilita el problema no podemos resolverlo. Por este motivo, debemos prestarles una atención mayor. Hay que tener en cuenta que se pueden encontrar:

a)      En el enunciado del problema. Lo más común es encontrar los datos en el mismo enunciado, por eso mismo hay que leerlo tantas veces como necesitemos y sacar todo aquello que creamos que nos puede ayudar para su resolución. No importa si después no usamos todos los datos que hemos sacado.
b)      Podemos encontrar datos necesarios e importantes en la pregunta o preguntas del problema. Es decir, en ocasiones al mismo tiempo que nos indican qué debemos buscar, también nos dan datos que pueden ser muy importantes para la resolución del mismo problema. Es por ello, que si al sacar los datos del enunciado no ves claro cómo resolverlo, debes revisar también la pregunta o preguntas porque ahí puede estar el dato que te falta.

2)      ¿QUÉ TENGO QUE HACER?
Una vez sacados todos los datos del problema. Leeremos de nuevo el enunciado y la pregunta que nos están haciendo. En este momento, tendremos que decidir que operación u operaciones hacemos para resolver el problema.  Para tomar estas decisiones nos puede ayudar saber que:

a)      Cuando se nos pide que a una cantidad se le añada otra u otras cantidades SIEMPRE SUMAREMOS.
b)      Cuando a una cantidad hay que disminuirle otra cantidad, o nos preguntan “cuánto tiene ahora” o “cuánto le queda” o “cuánto le ha sobrado” normalmente RESTAREMOS.
c)       Cuando el problema nos pide que busquemos una cantidad más grande a partir de dos cantidades más pequeñas, MUTIPLICAMOS.
d)      Cuando el problema nos pide que repartamos una cantidad grande entre otras más pequeñas, DIVIDIREMOS.

miércoles, 27 de mayo de 2015

UNA PROPUESTA PEDAGÓGICA: LA ECOLOGÍA

Ámbito, ambiente pero también ambición comparten, curiosamente, el mismo origen etimológico. Ambiente es el participio de presente del verbo latino ambio, y significa: "El que circunda y abarca algo con la vista". En este caso, por decirlo con Félix Duque, el homo ambiens o ambitiosus es aquel que anda alrededor de una cosa, que la abraza, la enlaza, la rodea. En este caso, es el hombre el que, mediante el pensamiento, la acción técnica y política tiende a adueñarse del medio convirtiéndolo en su entorno o, como dijo Ortega, "en su circunstancia".


Así pues, como Jonathan Swift, me gustaría plantear una humilde aunque ambiciosa propuesta que trate de enmendar cierta carencia de la que adolece el actual plan educativo. Es cierto que en el ámbito académico a día de hoy parece brotar una incipiente sensibilidad hacia la ecología; pero también es cierto que este primerizo impulso todo lo más que ha conseguido no ha ido más allá de una cierta torpeza y titubeo bienintencionados. Trataré de explicarme.

Si atendamos a las asignaturas de Historia, Ciencias naturales y Educación para la ciudadanía (antes de que vuelvan a cambiar de contenido y de forma), podemos extraer diferentes conclusiones. Una de ellas es que existe una asignatura como la de Educación para la ciudadanía sin necesidad de enmarcarla dentro de la asignatura de Historia o de crear otra asignatura específica como "Historia de la ciudadanía". Lo cual tiene sentido, porque la finalidad que persigue la asignatura de Educación para la ciudadanía es distinta de la que persigue la asignatura de Historia; Así como la Ética tiene un propósito distinto de la Historiografía.

Por cierto, si se me permite un pequeño circunloquio, me gustaría recordar que la asignatura de Historia de la religión sí se puede enmarcar perfectamente en el ámbito de la historiografía; tanto como por ejemplo la Historia del arte o la Historia de la filosofía, puesto que el estudio de un periodo histórico es indisociable de las creencias religiosas de una determinada cultura, de su arte, de sus formas y sistemas políticos o de su pensamiento y de cómo inciden éstas en las esferas vitales de las sociedades en un particular momento histórico.

Por el contrario, el ámbito de estudio y, por lo tanto, las respuestas que pueden ofrecer la ecología y las ciencias naturales, no son esencialmente las mismas. Aunque, evidentemente, en más de un punto o estadio puedan llegar a converger. Y esto es así, de la misma manera que existe una divergencia entre la física y la ética: La primera aspira a un conocimiento acotado a un método epistémico; mientras que la segunda implica una reflexión axiológica y moral y una puesta en valor de dicho conocimiento, lo cual es indisociable de su dimensión ontológica, el entorno o, por expresarlo con Heidegger, el ahí- en el que acontece la apertura al claro del Ser: El Dasein. Y es precisamente ahí donde detecto una carencia en nuestro actual sistema educativo. Es más, en este punto no sólo detecto una carencia académica sino una urgencia vital para la sociedad. Porque, considero que resulta evidente para la razón y el sentido común que de la misma manera que no es posible concebir al hombre como un hecho aislado al margen de la sociedad -y de ahí, por ejemplo, el acierto de la asignatura de Educación para la ciudadanía en primaria y secundaria-, tampoco es posible concebir a la sociedad y la cultura al margen del ecosistema en el que se asienta.

Pienso que una de las conclusiones que nos obliga a extraer este hecho es la necesidad de trascender el concepto de educación orientada exclusivamente a las necesidades de un determinado mercado laboral; por las implicaciones evidentes que esto conlleva tanto para el desarrollo y el pensamiento autónomo de una persona particular, para la sostenibilidad y la calidad de vida de una sociedad en su conjunto y para el impacto medioambiental del ecosistema en la que ésta se asienta.

Por lo tanto, en mi opinión, debemos abogar no sólo por el hecho concreto de implantar una asignatura específica que se ocupe de la ecología; sino de un cierto espíritu que subyazca en el modelo educativo y que sea capaz de dotar a los alumnos de pensamiento crítico, empatía y conciencia medio ambiental. Por cierto, espíritu entendido aquí en el sentido de energía (Energeia) encaminada hacia la prosecución de valores éticos -un Ethos-; es decir, como indica el origen de esta palabra, hacia un determinado modo de morar o habitar.

Porque, ¿qué finalidad tiene la educación sino la de prepararnos para una determinada concepción óntica? O, lo que es lo mismo, para, primero, tratar de pensar y transmitir a los alumnos una determinada comprensión del Hombre de sí mismo; segundo, integrar al hombre en un contexto social y cultural; y, tercero, tratar de comprender y pensar cómo una sociedad se da inserta en un ecosistema.



lunes, 25 de mayo de 2015

Una adolescente se suicida tras sufrir acoso escolar.

El pasado 23 de Mayo nos enteramos de que una alumna de 16 años se había quitado la vida harta de sufrir el acoso y el maltrato de algunos compañeros y de no recibir respuesta por parte de aquellos que deberían de velar para que estas cosas no ocurrieran.

Una triste noticia que como en la mayoría de estos casos se ha actuado tarde y mal. Y por ende, escuchando a las partes, parece que nadie está muy dispuesto a hacer autocrítica; porque no he escuchado decir nada interesante más allá de la respuesta fácil (e irresponsable): "La culpa es de la redes sociales". Y así, se pierde una valiosa ocasión para concienciarnos de que tenemos un largo camino por delante contra esta forma de violencia y de que, quizá, deberíamos de empezar a afrontarlo con la misma perspectiva y tolerancia que el maltrato de género; aunque sólo sea para no repetir errores que han costado mucho sufrimiento y muchas víctimas que se han quedado en el camino.

Ojalá esta sea la última, pero si queremos que estas cosas dejen de ocurrir, se debería de empezar por admitir que este tipo de cosas son vergonzantes y  envilecedoras para toda la sociedad en general y ya no digamos de aquellos que han fallado a la muchacha cuando ella más los necesitaba a su lado.

viernes, 22 de mayo de 2015

"M" de Fritz Lang


M” es pura historia del cine. Un thriller revolucionario en su técnica y sublime en su planteamiento, basado libremente en hechos reales que acontecieron en Düsseldorf y que conmocionaron a la sociedad de la época.  Pero, antetodo, es una película que puede ser muy interesante para la asignatura de Educación para la ciudadanía.

En lo que podría haber sido una mera adaptación morbosa y una vuelta de tuerca más del cine expresionista –cosa que ya de por sí no sería poco-, Fritz Lang plantea un dilema ético  que, dependiendo de la respuesta al drama planteado, puede subvertir la forma de entender nuestra vida en común dentro de la sociedad. Porque, ¿sería ético que una masa social, una mayoría, al margen de la acción legal del Estado y, lo que es más importante, al margen de un juicio garantista, se tomase la justicia por su mano contra un monstruo con desórdenes sexuales que asesina niños? 


Así pues, partiendo de este planteamiento y dado el contexto social que se vivía en 1932, Fritz Lang tiene el acierto de dar otro paso más allá y dota a la película de un trasfondo de denuncia del nazismo emergente mostrando como una sociedad paraestatal se organiza, mediante la astucia y la picaresca pero, según va transcurriendo el metraje, también mediante la fuerza. Tal es así que en alguna secuencia, como el asalto al edificio de oficinas, con uniforme y pistola en mano, recuerda al putsch de 1923. Y todo esto sin pasar por alto que una vez identificado el criminal una de las primeras iniciativas de dicha sociedad es marcarlo con una “M”; lo cual recuerda  a su vez la voluntad de estigmatizar mediante una cinta a aquellos segmentos de la población que resultaban molestos o indeseables para los nacionalsocialistas. No en vano, por cierto, ésta fue la última película de Fritz Lang en Alemania antes de su exilio americano.

Y es, precisamente, esta capacidad de Fritz Lang para dotar de perspectiva y profundidad a una película que ya de por sí partía de una premisa brillante lo que la convierte en una obra maestra superior, incluso, a obras tan geniales como “Metrópolis”, “La mujer del cuadro” o “Perversidad”. Por todo ello, considero, en definitiva, una gran historia con un hondo contenido ético, moral y sociológico, casi atemporal, y de la que se puede extraer material de trabajo y debate para el pensamiento crítico de los alumnos.

martes, 28 de abril de 2015

¡GRACIAS!

Este proyecto pedagógico que dio en llamarse Minerva Academia (Minerva Formación) acaba de cumplir un año ¡Todo un año! Y además el primero. Razón por la cual nos dirigimos a vosotros, a todos los que durante este tiempo habéis caminado a nuestro lado -a los presentes y a los pasados-; a aquellos que aún sin estar, han hecho posible este proyecto; a los que habéis dejado aquí vuestra alegría; a los que os habéis apoyado en nosotros y a los que habéis  permitido que nos apoyáramos en vosotros… A todos os damos las gracias, porque vosotros sois nuestra razón de ser.

miércoles, 15 de abril de 2015

El tambor de hojalata: La película.

Ganadora  en 1979 del oscar a la mejor película de habla no extranjera y de la palma de oro en el festival de Cannes, El tambor de hojalata es la adaptación de la novela homónima del novel Günter Grass por Volker Schlöndorf, director del que ya hemos hablado anteriormente en este blog.

La película es una excelente adaptación franco-alemana de 1978 que encumbró al actor suizo David Bennent y a su director, que una vez más se enfrentaba a una adaptación literaria de las letras germanas con un humilde presupuesto.

El film, acertadamente, bajo mi punto de vista, renuncia a narrar la totalidad –ingente- de la novela y pone su foco en el periodo de entreguerras y la segunda guerra mundial; más concretamente, en el periodo de infancia y adolescencia de Oskar Matzerath: El tamborilero que no quería crecer. Por lo demás, eso y la renuncia a una mayor visión subjetiva  de la narración es de lo poco en la película que se distancia de la novela; la película es bastante fiel al espíritu del texto.

La adaptación puede ser un buen modo de introducirse en la obra de Grass. No obstante, merece la pena acercarse a ella por sí misma.

lunes, 13 de abril de 2015

Günter Grass - El tambor de hojalata.

Hoy nos ha abandonado uno de los pilares de la cultura y de la conciencia de occidente; me refiero al controvertido autor de "El tambor de hojalata", Günter Grass.

Grass fue uno de esos autores incómodos, viscerales en sus opiniones; recuérdese la polémica que suscitó cuando se opuso a la reedición de las obras de Gottfried Benn, otro gigante de la palabra salpicado por el matadero de la historia. La misma  radical oposicion, y la misma crítica simplista escrita con mal de hígado, atendiendo más a su persona que a sus ideas, que, como él mismo, padeció con saña a lo largo de su vida. Ni siquiera el Estado de Israel pudo abstenerse de ellas...

En fin, sea como sea, no es la intención de este blog hacer una apología del escritor; ni tampoco justificar ni defernder su bagaje vital -de eso ya se encargó él mismo-, ni mucho menos afearle su falta de buenismo político -de eso ha habido y habrá en abundancia siempre que se recuerde su figura-. No. La itención de este blog no va más allá de la voluntad de  acercar su obra y hacerla patente, pues en eso no tenemos la más mínima duda, es un testimonio bello, por lo terrible, y grandioso del S. XX.

El "Tambor de hojalata": Reseña.
Su principal obra es "El tambor de hojalata", considerada de difícil lectura cuando se publicó en 1959. El tiempo le ha otorgado la facilidad de las obras maestras, la indiscutible afirmación de su propio genio, la talla enorme de su desmesurada inventiva, la clara penetración de su crítica cruel, casi masoquista ( de alemán sobre Alemania). La historia de Óscar, el pequeño que no quería crecer, es uno de los símbolos literarios más entrañables de nuestro tiempo. El tambor de hojalata es, sin ninguna exageración, uno de los libros que el siglo XX dejará en la Historia de la Literatura. Nadie sabrá leer nuestro presente sin haberlo leído.